Qué poner en tu portfolio de diseño gráfico (y qué deberías quitar ya)

¿Tu portfolio de diseño gráfico solo acumula likes pero pocos emails? Te cuento qué proyectos incluir, qué quitar y cómo contar tu trabajo para que te sirva para conseguir clientes.

Qué poner en tu portfolio de diseño gráfico hoy

Un portfolio de diseño gráfico no es un álbum de greatest hits, es una forma educada de decirle a alguien: “así pienso, así decido y así trabajo cuando nadie mira”. A veces lo tratamos como un cajón de proyectos bonitos; otras, como un vertedero donde va a parar todo lo que nos ha costado horas, solo porque nos da pena dejarlo fuera.​

El problema es que quien entra ahí no quiere hacer trabajo de arqueóloga. Quiere entender dos cosas muy simples: si puedes ayudarle y si compensa escribirte.​

Este texto no va de “tener más piezas”, ni de perseguir el portfolio perfecto, sino de algo más práctico: decidir qué se queda, qué se va y cómo contar lo que haces para que tu portfolio deje de ser una galería amable y empiece a ser una herramienta que trabaja por ti incluso cuando tú estás en otra cosa.​

Antes de abrir Figma: para quién es tu portfolio

Antes de discutir cuántos proyectos mostrar, toca decidir para quién estás diseñando tu portfolio. No es lo mismo hablarle a una directora de arte en una agencia que a la dueña de un restaurante de barrio o a un product manager que busca a alguien para una app.​

Piensa en 1–2 públicos principales y escribe sus necesidades en claro:

  • Estudios o agencias que buscan a alguien fuerte en branding, sistemas visuales y criterio.​

  • Clientes directos que quieren “una web y una marca que funcionen” y no quieren aprender vocabulario de diseño.​

Todo lo demás (qué eliges, cómo lo cuentas, qué tono usas) debería alinearse con esas personas, no con tus colegas de Instagram.​

Cuántos proyectos incluir (y cómo elegirlos)

Más proyectos no significa mejor portfolio. Suele funcionar mejor una selección corta y muy cuidada que una lista infinita donde el nivel sube y baja.​

Como regla general:

  • 5–8 proyectos bien contados suelen ser suficientes para que alguien entienda tu rango, tu criterio y tu forma de trabajar.​

  • Mezcla profundidad con variedad: branding, web / producto digital, editorial o campañas, según el tipo de trabajo que quieres seguir haciendo.​

Cuando tengas dudas entre dos proyectos, quédate con el que:

  • Se parece más al tipo de encargos que quieres atraer.​

  • Te permite enseñar proceso y resultados, no solo estética.​

Qué contar en cada proyecto

Aquí es donde la mayoría de portfolios se quedan cortos: hay muchas fotos y muy poco contexto. Quien está al otro lado necesita entender qué problema había y qué cambió gracias al diseño, no solo ver un logo flotando en un mockup.​

Una estructura sencilla que funciona para casi cualquier proyecto:

  • Contexto: quién es el cliente, qué necesitaba, qué limitaciones había (tiempo, presupuesto, sector).​

  • Rol: qué parte del proyecto hiciste tú exactamente (dirección de arte, UI, naming, estrategia, etc.).​

  • Proceso: dos o tres decisiones clave que cambiaron el rumbo del proyecto, apoyadas en bocetos, frames, wireframes o exploraciones de sistema.​

  • Resultado: piezas finales bien presentadas y, si es posible, algún dato o efecto medible (más reservas, mejor conversión, un premio, un cambio de percepción, etc.).​

Piensa cada caso de estudio como una narración corta: principio (problema), nudo (decisiones), desenlace (resultado).​

Qué tipos de trabajos funcionan mejor hoy

No tienes que enseñar todo lo que has hecho. Tienes que enseñar aquello que mejor explica en qué eres fuerte y en qué te interesa seguir creciendo.​

Algunas categorías que suelen funcionar muy bien:

  • Branding completo: identidad, sistema, aplicaciones y cómo todo se traduce en piezas reales (packaging, redes, web, señalética).​

  • Producto digital: webs, apps, herramientas internas, siempre acompañadas de contexto de negocio y usabilidad.​

  • Tipografía, lettering o editorial: si son parte de tu propuesta de valor, incluye proyectos donde esas habilidades sean protagonistas.​

  • Proyectos personales o autoencargos: úsalos cuando te permitan enseñar un tipo de trabajo que aún no has podido hacer para clientes, pero con el mismo nivel de rigor.​

Si algo no representa tu nivel actual o el trabajo que quieres seguir recibiendo, tu portfolio no es su lugar, por mucho cariño que le tengas.​

Errores frecuentes que tiran tu portfolio por tierra

Hay patrones que se repiten tanto en portfolios de juniors como de perfiles senior y que puedes evitar desde ya.​

Errores típicos:

  • Enseñar solo mockups sin ninguna explicación escrita, ni un párrafo de contexto.​

  • Mezclar trabajos de hace diez años con piezas recientes sin avisar, generando sensación de inconsistencia.​

  • Páginas caóticas: jerarquía visual pobre, textos largos sin aire, imágenes pequeñas que obligan a hacer zoom.​

  • No dejar una forma clara de contacto cerca del portfolio, obligando a la persona a “cazar” tu email.​

Corregir estos puntos no requiere rediseñar todo tu portfolio, solo tomar decisiones conscientes y editar.​

Web propia, plataformas y otros formatos

Hoy puedes tener tu trabajo repartido entre web propia, Behance, PDF, Dribbble o incluso un deck para enviar a clientes concretos. Cada espacio cumple un rol, pero tu web debería ser la pieza central que tú controlas.​

Algunas ideas para organizar ese ecosistema:

  • Usa tu web como hub principal, donde se ven tu selección curada de proyectos y se entiende quién eres y qué haces.​

  • Deja plataformas como Behance para explorar versiones más largas de algunos casos, procesos más detallados y piezas experimentales.​

  • Ten una versión breve en PDF o presentación para enviar en procesos de selección o concursos, adaptándola a cada oportunidad.​

Lo importante es que todo se sienta cohesionado: misma identidad, mismo tono, misma línea de criterio.​

Checklist rápida para revisar tu portfolio

Puedes usar esta lista como repaso final antes de enseñar tu portfolio a un cliente o estudio:​

  • ¿Tengo claro a quién le estoy hablando con este portfolio?

  • ¿Estoy mostrando 5–8 proyectos que representan mi trabajo actual y el tipo de encargos que quiero?

  • ¿Cada proyecto explica contexto, rol, proceso y resultado, aunque sea en pocas líneas?

  • ¿He eliminado piezas que ya no representan mi nivel o mi enfoque?

  • ¿La navegación es clara y la jerarquía visual hace fácil escanear la página?

  • ¿Hay una forma evidente de contactarme cerca del portfolio?

Si la mayoría de respuestas son “sí”, tu portfolio está mucho más cerca de ser una herramienta estratégica que de ser solo una galería bonita.​

Al final, editar un portfolio se parece bastante a editar un proyecto de diseño: decidir qué callar para que lo importante se escuche mejor. No duele porque falten piezas, duele porque tienes que aceptar en qué te quieres quedar y qué prefieres soltar.​

Si al repasar tu portfolio notas que te da más pudor que orgullo, suele ser una buena señal: es el momento en el que tu trabajo actual ya no cabe en el relato que cuenta tu web. Aprovecha esa incomodidad para reordenar, borrar sin remordimientos y volver a escribir la historia que quieres que lean de ti cuando no estás delante para explicarla.​

Y si después de todo te quedas con menos proyectos pero con más claridad, entonces tu portfolio ya estará haciendo su trabajo: abrir conversaciones, no solo pestañas en el navegador.​

Qué poner en tu portfolio de diseño gráfico hoy

Un portfolio de diseño gráfico no es un álbum de greatest hits, es una forma educada de decirle a alguien: “así pienso, así decido y así trabajo cuando nadie mira”. A veces lo tratamos como un cajón de proyectos bonitos; otras, como un vertedero donde va a parar todo lo que nos ha costado horas, solo porque nos da pena dejarlo fuera.​

El problema es que quien entra ahí no quiere hacer trabajo de arqueóloga. Quiere entender dos cosas muy simples: si puedes ayudarle y si compensa escribirte.​

Este texto no va de “tener más piezas”, ni de perseguir el portfolio perfecto, sino de algo más práctico: decidir qué se queda, qué se va y cómo contar lo que haces para que tu portfolio deje de ser una galería amable y empiece a ser una herramienta que trabaja por ti incluso cuando tú estás en otra cosa.​

Antes de abrir Figma: para quién es tu portfolio

Antes de discutir cuántos proyectos mostrar, toca decidir para quién estás diseñando tu portfolio. No es lo mismo hablarle a una directora de arte en una agencia que a la dueña de un restaurante de barrio o a un product manager que busca a alguien para una app.​

Piensa en 1–2 públicos principales y escribe sus necesidades en claro:

  • Estudios o agencias que buscan a alguien fuerte en branding, sistemas visuales y criterio.​

  • Clientes directos que quieren “una web y una marca que funcionen” y no quieren aprender vocabulario de diseño.​

Todo lo demás (qué eliges, cómo lo cuentas, qué tono usas) debería alinearse con esas personas, no con tus colegas de Instagram.​

Cuántos proyectos incluir (y cómo elegirlos)

Más proyectos no significa mejor portfolio. Suele funcionar mejor una selección corta y muy cuidada que una lista infinita donde el nivel sube y baja.​

Como regla general:

  • 5–8 proyectos bien contados suelen ser suficientes para que alguien entienda tu rango, tu criterio y tu forma de trabajar.​

  • Mezcla profundidad con variedad: branding, web / producto digital, editorial o campañas, según el tipo de trabajo que quieres seguir haciendo.​

Cuando tengas dudas entre dos proyectos, quédate con el que:

  • Se parece más al tipo de encargos que quieres atraer.​

  • Te permite enseñar proceso y resultados, no solo estética.​

Qué contar en cada proyecto

Aquí es donde la mayoría de portfolios se quedan cortos: hay muchas fotos y muy poco contexto. Quien está al otro lado necesita entender qué problema había y qué cambió gracias al diseño, no solo ver un logo flotando en un mockup.​

Una estructura sencilla que funciona para casi cualquier proyecto:

  • Contexto: quién es el cliente, qué necesitaba, qué limitaciones había (tiempo, presupuesto, sector).​

  • Rol: qué parte del proyecto hiciste tú exactamente (dirección de arte, UI, naming, estrategia, etc.).​

  • Proceso: dos o tres decisiones clave que cambiaron el rumbo del proyecto, apoyadas en bocetos, frames, wireframes o exploraciones de sistema.​

  • Resultado: piezas finales bien presentadas y, si es posible, algún dato o efecto medible (más reservas, mejor conversión, un premio, un cambio de percepción, etc.).​

Piensa cada caso de estudio como una narración corta: principio (problema), nudo (decisiones), desenlace (resultado).​

Qué tipos de trabajos funcionan mejor hoy

No tienes que enseñar todo lo que has hecho. Tienes que enseñar aquello que mejor explica en qué eres fuerte y en qué te interesa seguir creciendo.​

Algunas categorías que suelen funcionar muy bien:

  • Branding completo: identidad, sistema, aplicaciones y cómo todo se traduce en piezas reales (packaging, redes, web, señalética).​

  • Producto digital: webs, apps, herramientas internas, siempre acompañadas de contexto de negocio y usabilidad.​

  • Tipografía, lettering o editorial: si son parte de tu propuesta de valor, incluye proyectos donde esas habilidades sean protagonistas.​

  • Proyectos personales o autoencargos: úsalos cuando te permitan enseñar un tipo de trabajo que aún no has podido hacer para clientes, pero con el mismo nivel de rigor.​

Si algo no representa tu nivel actual o el trabajo que quieres seguir recibiendo, tu portfolio no es su lugar, por mucho cariño que le tengas.​

Errores frecuentes que tiran tu portfolio por tierra

Hay patrones que se repiten tanto en portfolios de juniors como de perfiles senior y que puedes evitar desde ya.​

Errores típicos:

  • Enseñar solo mockups sin ninguna explicación escrita, ni un párrafo de contexto.​

  • Mezclar trabajos de hace diez años con piezas recientes sin avisar, generando sensación de inconsistencia.​

  • Páginas caóticas: jerarquía visual pobre, textos largos sin aire, imágenes pequeñas que obligan a hacer zoom.​

  • No dejar una forma clara de contacto cerca del portfolio, obligando a la persona a “cazar” tu email.​

Corregir estos puntos no requiere rediseñar todo tu portfolio, solo tomar decisiones conscientes y editar.​

Web propia, plataformas y otros formatos

Hoy puedes tener tu trabajo repartido entre web propia, Behance, PDF, Dribbble o incluso un deck para enviar a clientes concretos. Cada espacio cumple un rol, pero tu web debería ser la pieza central que tú controlas.​

Algunas ideas para organizar ese ecosistema:

  • Usa tu web como hub principal, donde se ven tu selección curada de proyectos y se entiende quién eres y qué haces.​

  • Deja plataformas como Behance para explorar versiones más largas de algunos casos, procesos más detallados y piezas experimentales.​

  • Ten una versión breve en PDF o presentación para enviar en procesos de selección o concursos, adaptándola a cada oportunidad.​

Lo importante es que todo se sienta cohesionado: misma identidad, mismo tono, misma línea de criterio.​

Checklist rápida para revisar tu portfolio

Puedes usar esta lista como repaso final antes de enseñar tu portfolio a un cliente o estudio:​

  • ¿Tengo claro a quién le estoy hablando con este portfolio?

  • ¿Estoy mostrando 5–8 proyectos que representan mi trabajo actual y el tipo de encargos que quiero?

  • ¿Cada proyecto explica contexto, rol, proceso y resultado, aunque sea en pocas líneas?

  • ¿He eliminado piezas que ya no representan mi nivel o mi enfoque?

  • ¿La navegación es clara y la jerarquía visual hace fácil escanear la página?

  • ¿Hay una forma evidente de contactarme cerca del portfolio?

Si la mayoría de respuestas son “sí”, tu portfolio está mucho más cerca de ser una herramienta estratégica que de ser solo una galería bonita.​

Al final, editar un portfolio se parece bastante a editar un proyecto de diseño: decidir qué callar para que lo importante se escuche mejor. No duele porque falten piezas, duele porque tienes que aceptar en qué te quieres quedar y qué prefieres soltar.​

Si al repasar tu portfolio notas que te da más pudor que orgullo, suele ser una buena señal: es el momento en el que tu trabajo actual ya no cabe en el relato que cuenta tu web. Aprovecha esa incomodidad para reordenar, borrar sin remordimientos y volver a escribir la historia que quieres que lean de ti cuando no estás delante para explicarla.​

Y si después de todo te quedas con menos proyectos pero con más claridad, entonces tu portfolio ya estará haciendo su trabajo: abrir conversaciones, no solo pestañas en el navegador.​

Qué poner en tu portfolio de diseño gráfico hoy

Un portfolio de diseño gráfico no es un álbum de greatest hits, es una forma educada de decirle a alguien: “así pienso, así decido y así trabajo cuando nadie mira”. A veces lo tratamos como un cajón de proyectos bonitos; otras, como un vertedero donde va a parar todo lo que nos ha costado horas, solo porque nos da pena dejarlo fuera.​

El problema es que quien entra ahí no quiere hacer trabajo de arqueóloga. Quiere entender dos cosas muy simples: si puedes ayudarle y si compensa escribirte.​

Este texto no va de “tener más piezas”, ni de perseguir el portfolio perfecto, sino de algo más práctico: decidir qué se queda, qué se va y cómo contar lo que haces para que tu portfolio deje de ser una galería amable y empiece a ser una herramienta que trabaja por ti incluso cuando tú estás en otra cosa.​

Antes de abrir Figma: para quién es tu portfolio

Antes de discutir cuántos proyectos mostrar, toca decidir para quién estás diseñando tu portfolio. No es lo mismo hablarle a una directora de arte en una agencia que a la dueña de un restaurante de barrio o a un product manager que busca a alguien para una app.​

Piensa en 1–2 públicos principales y escribe sus necesidades en claro:

  • Estudios o agencias que buscan a alguien fuerte en branding, sistemas visuales y criterio.​

  • Clientes directos que quieren “una web y una marca que funcionen” y no quieren aprender vocabulario de diseño.​

Todo lo demás (qué eliges, cómo lo cuentas, qué tono usas) debería alinearse con esas personas, no con tus colegas de Instagram.​

Cuántos proyectos incluir (y cómo elegirlos)

Más proyectos no significa mejor portfolio. Suele funcionar mejor una selección corta y muy cuidada que una lista infinita donde el nivel sube y baja.​

Como regla general:

  • 5–8 proyectos bien contados suelen ser suficientes para que alguien entienda tu rango, tu criterio y tu forma de trabajar.​

  • Mezcla profundidad con variedad: branding, web / producto digital, editorial o campañas, según el tipo de trabajo que quieres seguir haciendo.​

Cuando tengas dudas entre dos proyectos, quédate con el que:

  • Se parece más al tipo de encargos que quieres atraer.​

  • Te permite enseñar proceso y resultados, no solo estética.​

Qué contar en cada proyecto

Aquí es donde la mayoría de portfolios se quedan cortos: hay muchas fotos y muy poco contexto. Quien está al otro lado necesita entender qué problema había y qué cambió gracias al diseño, no solo ver un logo flotando en un mockup.​

Una estructura sencilla que funciona para casi cualquier proyecto:

  • Contexto: quién es el cliente, qué necesitaba, qué limitaciones había (tiempo, presupuesto, sector).​

  • Rol: qué parte del proyecto hiciste tú exactamente (dirección de arte, UI, naming, estrategia, etc.).​

  • Proceso: dos o tres decisiones clave que cambiaron el rumbo del proyecto, apoyadas en bocetos, frames, wireframes o exploraciones de sistema.​

  • Resultado: piezas finales bien presentadas y, si es posible, algún dato o efecto medible (más reservas, mejor conversión, un premio, un cambio de percepción, etc.).​

Piensa cada caso de estudio como una narración corta: principio (problema), nudo (decisiones), desenlace (resultado).​

Qué tipos de trabajos funcionan mejor hoy

No tienes que enseñar todo lo que has hecho. Tienes que enseñar aquello que mejor explica en qué eres fuerte y en qué te interesa seguir creciendo.​

Algunas categorías que suelen funcionar muy bien:

  • Branding completo: identidad, sistema, aplicaciones y cómo todo se traduce en piezas reales (packaging, redes, web, señalética).​

  • Producto digital: webs, apps, herramientas internas, siempre acompañadas de contexto de negocio y usabilidad.​

  • Tipografía, lettering o editorial: si son parte de tu propuesta de valor, incluye proyectos donde esas habilidades sean protagonistas.​

  • Proyectos personales o autoencargos: úsalos cuando te permitan enseñar un tipo de trabajo que aún no has podido hacer para clientes, pero con el mismo nivel de rigor.​

Si algo no representa tu nivel actual o el trabajo que quieres seguir recibiendo, tu portfolio no es su lugar, por mucho cariño que le tengas.​

Errores frecuentes que tiran tu portfolio por tierra

Hay patrones que se repiten tanto en portfolios de juniors como de perfiles senior y que puedes evitar desde ya.​

Errores típicos:

  • Enseñar solo mockups sin ninguna explicación escrita, ni un párrafo de contexto.​

  • Mezclar trabajos de hace diez años con piezas recientes sin avisar, generando sensación de inconsistencia.​

  • Páginas caóticas: jerarquía visual pobre, textos largos sin aire, imágenes pequeñas que obligan a hacer zoom.​

  • No dejar una forma clara de contacto cerca del portfolio, obligando a la persona a “cazar” tu email.​

Corregir estos puntos no requiere rediseñar todo tu portfolio, solo tomar decisiones conscientes y editar.​

Web propia, plataformas y otros formatos

Hoy puedes tener tu trabajo repartido entre web propia, Behance, PDF, Dribbble o incluso un deck para enviar a clientes concretos. Cada espacio cumple un rol, pero tu web debería ser la pieza central que tú controlas.​

Algunas ideas para organizar ese ecosistema:

  • Usa tu web como hub principal, donde se ven tu selección curada de proyectos y se entiende quién eres y qué haces.​

  • Deja plataformas como Behance para explorar versiones más largas de algunos casos, procesos más detallados y piezas experimentales.​

  • Ten una versión breve en PDF o presentación para enviar en procesos de selección o concursos, adaptándola a cada oportunidad.​

Lo importante es que todo se sienta cohesionado: misma identidad, mismo tono, misma línea de criterio.​

Checklist rápida para revisar tu portfolio

Puedes usar esta lista como repaso final antes de enseñar tu portfolio a un cliente o estudio:​

  • ¿Tengo claro a quién le estoy hablando con este portfolio?

  • ¿Estoy mostrando 5–8 proyectos que representan mi trabajo actual y el tipo de encargos que quiero?

  • ¿Cada proyecto explica contexto, rol, proceso y resultado, aunque sea en pocas líneas?

  • ¿He eliminado piezas que ya no representan mi nivel o mi enfoque?

  • ¿La navegación es clara y la jerarquía visual hace fácil escanear la página?

  • ¿Hay una forma evidente de contactarme cerca del portfolio?

Si la mayoría de respuestas son “sí”, tu portfolio está mucho más cerca de ser una herramienta estratégica que de ser solo una galería bonita.​

Al final, editar un portfolio se parece bastante a editar un proyecto de diseño: decidir qué callar para que lo importante se escuche mejor. No duele porque falten piezas, duele porque tienes que aceptar en qué te quieres quedar y qué prefieres soltar.​

Si al repasar tu portfolio notas que te da más pudor que orgullo, suele ser una buena señal: es el momento en el que tu trabajo actual ya no cabe en el relato que cuenta tu web. Aprovecha esa incomodidad para reordenar, borrar sin remordimientos y volver a escribir la historia que quieres que lean de ti cuando no estás delante para explicarla.​

Y si después de todo te quedas con menos proyectos pero con más claridad, entonces tu portfolio ya estará haciendo su trabajo: abrir conversaciones, no solo pestañas en el navegador.​

OTROS PROYECTOS

Links

© 2025 NÚRIA LÓPEZ. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Links

© 2025 NÚRIA LÓPEZ. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Links

© 2025 NÚRIA LÓPEZ. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Links

© 2025 NÚRIA LÓPEZ. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS