#19 - Cuando nadie me ve…

Sobre letras, cultura y las decisiones que pasan desapercibidas

La tipografía rara vez pide atención.
Hace su trabajo en silencio, como una buena infraestructura: sostiene, ordena, normaliza.

Antes de leer una palabra ya hemos interpretado su tono. Antes de entender un mensaje ya hemos decidido si confiamos en él. Eso ocurre en milisegundos y casi nunca somos conscientes de ello. La tipografía actúa ahí, en ese espacio previo al pensamiento.

Algunas letras vienen cargadas de historia. No porque sean antiguas, sino porque han vivido mucho. Han pasado por libros, pantallas, envases, carteles. Han sido testigos de épocas completas.

Pensar en tipografía es pensar en todo lo que permanece cuando nadie está mirando.
En decisiones que no buscan protagonismo, pero que construyen confianza, hábito y memoria. En letras que se repiten tanto que acaban volviéndose invisibles… y por eso mismo, poderosas.

Una de ellas es ITC Benguiat.

Diseñada en los años 70 por Ed Benguiat, se convirtió en un icono gráfico de los 80 gracias a su presencia en portadas de novelas —especialmente de Stephen King— y en todo un imaginario visual ligado al misterio, lo extraño, lo narrativo. No es una tipografía neutra: tiene carácter, memoria, textura cultural.

Décadas después, esa misma tipografía aparece en lugares muy distintos.

Mercadooona… mercadoooooona…

Que una misma tipografía pueda sostener el universo narrativo de una serie como Stranger Things y, al mismo tiempo, formar parte del paisaje cotidiano de una marca blanca como Hacendado no es una simple coincidencia gráfica.

Es una demostración clara de cómo el diseño se filtra en la cultura hasta volverse estructura. De cómo una forma de letra puede cargar con significados muy distintos según el contexto, sin dejar de ser la misma.

La ITC Benguiat no cambia.
Cambiamos nosotros.

Cambian nuestras expectativas, nuestras lecturas, nuestra relación con lo que vemos cada día. La tipografía actúa como un hilo invisible que conecta épocas, relatos y sistemas económicos sin que apenas reparemos en ello.

Quizá por eso me obsesionan tanto las letras.
Porque nunca son solo letras.
Porque siempre dicen más de lo que aparentan.
Porque son una de las formas más silenciosas —y más profundas— de diseñar el mundo.

Cierro el año mirando tipografías, como no podía ser de otra manera.
Desde ese amor casi irracional por las tipos y por todo lo que esconden cuando parecen neutras. Porque entenderlas es también una forma de entender el presente que habitamos y el futuro que estamos construyendo, letra a letra, sin darnos cuenta.

Nos leemos el próximo año.
Con más atención a los detalles.
Más preguntas incómodas.
Y con las letras, ojalá, cada vez mejor elegidas.

La tipografía rara vez pide atención.
Hace su trabajo en silencio, como una buena infraestructura: sostiene, ordena, normaliza.

Antes de leer una palabra ya hemos interpretado su tono. Antes de entender un mensaje ya hemos decidido si confiamos en él. Eso ocurre en milisegundos y casi nunca somos conscientes de ello. La tipografía actúa ahí, en ese espacio previo al pensamiento.

Algunas letras vienen cargadas de historia. No porque sean antiguas, sino porque han vivido mucho. Han pasado por libros, pantallas, envases, carteles. Han sido testigos de épocas completas.

Pensar en tipografía es pensar en todo lo que permanece cuando nadie está mirando.
En decisiones que no buscan protagonismo, pero que construyen confianza, hábito y memoria. En letras que se repiten tanto que acaban volviéndose invisibles… y por eso mismo, poderosas.

Una de ellas es ITC Benguiat.

Diseñada en los años 70 por Ed Benguiat, se convirtió en un icono gráfico de los 80 gracias a su presencia en portadas de novelas —especialmente de Stephen King— y en todo un imaginario visual ligado al misterio, lo extraño, lo narrativo. No es una tipografía neutra: tiene carácter, memoria, textura cultural.

Décadas después, esa misma tipografía aparece en lugares muy distintos.

Mercadooona… mercadoooooona…

Que una misma tipografía pueda sostener el universo narrativo de una serie como Stranger Things y, al mismo tiempo, formar parte del paisaje cotidiano de una marca blanca como Hacendado no es una simple coincidencia gráfica.

Es una demostración clara de cómo el diseño se filtra en la cultura hasta volverse estructura. De cómo una forma de letra puede cargar con significados muy distintos según el contexto, sin dejar de ser la misma.

La ITC Benguiat no cambia.
Cambiamos nosotros.

Cambian nuestras expectativas, nuestras lecturas, nuestra relación con lo que vemos cada día. La tipografía actúa como un hilo invisible que conecta épocas, relatos y sistemas económicos sin que apenas reparemos en ello.

Quizá por eso me obsesionan tanto las letras.
Porque nunca son solo letras.
Porque siempre dicen más de lo que aparentan.
Porque son una de las formas más silenciosas —y más profundas— de diseñar el mundo.

Cierro el año mirando tipografías, como no podía ser de otra manera.
Desde ese amor casi irracional por las tipos y por todo lo que esconden cuando parecen neutras. Porque entenderlas es también una forma de entender el presente que habitamos y el futuro que estamos construyendo, letra a letra, sin darnos cuenta.

Nos leemos el próximo año.
Con más atención a los detalles.
Más preguntas incómodas.
Y con las letras, ojalá, cada vez mejor elegidas.

La tipografía rara vez pide atención.
Hace su trabajo en silencio, como una buena infraestructura: sostiene, ordena, normaliza.

Antes de leer una palabra ya hemos interpretado su tono. Antes de entender un mensaje ya hemos decidido si confiamos en él. Eso ocurre en milisegundos y casi nunca somos conscientes de ello. La tipografía actúa ahí, en ese espacio previo al pensamiento.

Algunas letras vienen cargadas de historia. No porque sean antiguas, sino porque han vivido mucho. Han pasado por libros, pantallas, envases, carteles. Han sido testigos de épocas completas.

Pensar en tipografía es pensar en todo lo que permanece cuando nadie está mirando.
En decisiones que no buscan protagonismo, pero que construyen confianza, hábito y memoria. En letras que se repiten tanto que acaban volviéndose invisibles… y por eso mismo, poderosas.

Una de ellas es ITC Benguiat.

Diseñada en los años 70 por Ed Benguiat, se convirtió en un icono gráfico de los 80 gracias a su presencia en portadas de novelas —especialmente de Stephen King— y en todo un imaginario visual ligado al misterio, lo extraño, lo narrativo. No es una tipografía neutra: tiene carácter, memoria, textura cultural.

Décadas después, esa misma tipografía aparece en lugares muy distintos.

Mercadooona… mercadoooooona…

Que una misma tipografía pueda sostener el universo narrativo de una serie como Stranger Things y, al mismo tiempo, formar parte del paisaje cotidiano de una marca blanca como Hacendado no es una simple coincidencia gráfica.

Es una demostración clara de cómo el diseño se filtra en la cultura hasta volverse estructura. De cómo una forma de letra puede cargar con significados muy distintos según el contexto, sin dejar de ser la misma.

La ITC Benguiat no cambia.
Cambiamos nosotros.

Cambian nuestras expectativas, nuestras lecturas, nuestra relación con lo que vemos cada día. La tipografía actúa como un hilo invisible que conecta épocas, relatos y sistemas económicos sin que apenas reparemos en ello.

Quizá por eso me obsesionan tanto las letras.
Porque nunca son solo letras.
Porque siempre dicen más de lo que aparentan.
Porque son una de las formas más silenciosas —y más profundas— de diseñar el mundo.

Cierro el año mirando tipografías, como no podía ser de otra manera.
Desde ese amor casi irracional por las tipos y por todo lo que esconden cuando parecen neutras. Porque entenderlas es también una forma de entender el presente que habitamos y el futuro que estamos construyendo, letra a letra, sin darnos cuenta.

Nos leemos el próximo año.
Con más atención a los detalles.
Más preguntas incómodas.
Y con las letras, ojalá, cada vez mejor elegidas.

OTROS PROYECTOS

Links

© 2025 NÚRIA LÓPEZ. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Links

© 2025 NÚRIA LÓPEZ. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Links

© 2025 NÚRIA LÓPEZ. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Links

© 2025 NÚRIA LÓPEZ. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS